Con traje de lujo: PSG, finalista tras vencer con autoridad a Leipzig
La aventura de los chicos alemanes naufragó ante un Neymar pleno y un impecable Di María
La duda se superó donde corresponde, en el campo: un PSG sin fisuras se impuso con goleada ante los jóvenes de Leipzig y se instaló, con mucha justicia, en la final de la Champions League.
Un nuevo show de Neymar y un socio de lujo que no fue Mbappé esta vez sino Di María, encaminaron la presentación más sólida y convincente del campeón francés en Europa. En dos minutos se salvó de pura fortuna el equipo alemán: primero Neymar estrelló en el palo su remate, a espectacular habilitación de Mbappé, y luego se hicieron un tremendo lío los chicos en su área y en el intento de despeje del portero se estrelló la pelota en el brazo del brasileño, lo que vició la jugada de gol de Kylian. ¡De un sacudón despertaba el Leipzig! Ya no esperó más Neymar, con su centro hermoso en el tiro libre para Marquinhos y el gol a los 13 minutos. Se miraban los brasileños ya desde el cobro, sí que sabían cómo iban a vacunar la inocencia de la marca zonal del Lepizig. EL 1-0 confirmaba el favoritismo francés. Mbappé tenía el segundo tras el pase de Herrera que salvó el arquero, pero con paciencia se iba recuperando y acercando Leipzg a predio rival, buscando faltas cerca al área y tiros de esquina, incluso una de esas salidas a puro toque y velocidad que frente al arco se perdió Pulsen. Con todo, no sufría más de la cuenta PSG. Se perdía el segundo el gran favorito, otra vez por culpa del palo.: fue Neymar en un tirazo libre abierto que solo un tipo con su talento se atreve a intentar. No fue por centímetros. Literal. Y no pudo ser tampoco a los 37 cuando faltó superar una sola pierna alemana para escabullirse en plena área rival y rematar él o buscar a Mbappé. Faltó, otra vez, menos de un metro. Antes de que cayera el telón se iría PSG por fin con la ventaja que merecía, el 2-0, un justificado error en la salida del portero (por la presión enemiga) y una sutileza de Neymar para asistir sin mirar a Di María cuando este, de frente al arco, no iba a fallar. A las duchas, en medio de cómplices sonrisas. El dinero catarí, nunca tan bien justificado. Y fue muy digna la actitud de Leipzig tras el descanso: ya eran semifinalistas de Champions contra todo pronóstico, lo habían hecho a fuerza de atacar sin pena, sin miedo, y ¿se iba a ahogar en la orilla? Pues salieron por el descuento con mucha actitud y se estrellaron una y otra vez con los franceses. Les faltó la precisión que sobró contra Atlético. Y en esa apuesta perdieron: a los 56 se activó de nuevo Di María, un obrero en el campo, y metió un centro preciso a la cabeza de Bernat que, a pesar de los reclamos y la revisión del VAR, era un 3-0 lapidario. Sabitzer probaba a Rico de afuera, Angeliño hacía lo propio, pero no había cómo hacerle daño a la versión más compacta, segura y talentosa del PSG en años. Ahora habrá que esperar al rival en la gran final. El asunto de Leipzig se resolvió con autoridad y ahora, como nunca, no quedan dudas de que el dinero invertido en París no se ha desperdiciado.
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