Se apagó la guitarra del maestro Héctor Ochoa, pero su camino seguirá vivo para siempre


A los 91 años falleció el compositor antioqueño que inmortalizó “El camino de la vida”, una obra que se convirtió en el himno de la familia colombiana y en uno de los mayores tesoros del cancionero nacional. Su legado permanecerá intacto en cada generación que encuentre en sus letras el verdadero sentido de la vida.

La música colombiana amaneció este martes 21 de julio vestida de luto. A los 91 años falleció en Medellín el maestro Héctor Ochoa Cárdenas, uno de los más grandes compositores que ha dado Antioquia y Colombia, autor de la inolvidable “El camino de la vida”, una canción que trascendió el tiempo para convertirse en un patrimonio sentimental de millones de familias.

No fue simplemente un compositor. Fue un poeta de las emociones, un hombre capaz de convertir los sentimientos más profundos en melodías que hoy hacen parte de la memoria colectiva de todo un país. Sus versos acompañaron matrimonios, cumpleaños, homenajes, despedidas y reuniones familiares, convirtiéndose en la banda sonora de incontables historias de vida.

La noticia de su fallecimiento fue confirmada en la madrugada y rápidamente provocó una ola de mensajes de reconocimiento provenientes de todos los sectores del país.

Una vida escrita entre cuerdas y sentimientos

Héctor Ochoa Cárdenas nació en Medellín el 24 de julio de 1934, hijo del maestro Eusebio Ochoa Isaza, quien se opuso férreamente a que Héctor se dedicara a la música, y de Flor María Cárdenas.

Fue miembro directivo de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia - Sayco, y se desempeñó, desde 1988 hasta 2006, como director ejecutivo del Festival Nacional Antioquia le Canta a Colombia.

Con apenas 15 años fundó el Trío de Oro, iniciando una carrera que tendría su primera grabación en 1962 con la obra Bendito amor, interpretada por el tenor Víctor Hugo Ayala.

Aunque durante algunos años se apartó de la composición para desempeñarse como banquero, la música siempre terminó llamándolo de regreso.

Cursó estudios básicos de música en la Escuela Superior de Música de Medellín y posteriormente estudió apreciación musical, guitarra y tiple. Cuando terminó su bachillerato en el Liceo de la Universidad de Antioquia se vinculó a una entidad bancaria en Medellín en la cual se inició en un modesto oficio para terminar en los más altos cargos de dirección. En esa entidad se jubiló, a su regreso, cambió para siempre la historia de la música colombiana.

La carrera de Héctor Ochoa como compositor fue extensa y plena de grandes éxitos. fueron frecuentes las apariciones de nuevas canciones de su inspiración, muchas de ellas calificadas como grandes éxitos por la crítica nacional. Más de 50 obras suyas fueron grabadas por un sinnúmero de artistas nacionales y del exterior.

La composición que se volvió un himno y nunca morirá

En 1983, durante un encuentro en el Recinto Quirama, nació oficialmente El camino de la vida, estrenada por el dueto Arboleda y Valencia. Desde entonces la obra comenzó un recorrido imparable hasta convertirse en una de las canciones más queridas por los colombianos. Su mensaje sobre la familia, el amor de los padres, el paso del tiempo y los valores humanos logró tocar el corazón de varias generaciones.

Aparte de «El camino de la vida», obra ganadora, por votación nacional, del Concurso La Mejor Canción Colombiana, que organizó la Cadena Radial RCN, en 1991, y ganadora del Concurso La Canción del Siglo, realizado por la misma cadena radial, en 1999, hay una amplia lista de grandes éxitos del maestro Ochoa: los bambucos «Muy antioqueño», «Volvé maestro», «Café suave», «Canta tiple», «Orgullosamente mujer», «En la adversidad», «Quién no está triste» y «Muy colombiano»; los valses «Tú, lo mejor de todo»; «Nuestro final», «Pase lo que pase», «Nostalgia» y «El amor no acaba»; los pasillos «Aprendiendo a vivir», «Desagradecida», «De una vez por todas», «Ayer y hoy», «Después que me olvidé de ti» y «Muchas gracias»; los boleros «Una serenata para ti», «Este amor indefinible», «Eternamente mi mujer», «Mi bella Medellín», «Regalo», «Soy» y «Santa Fe de Antioquia»; la criolla «Cuando tú me faltes» y muchísimas otras más.

Un legado que desafía al tiempo

Su trayectoria fue distinguida con importantes reconocimientos como la Orden de la Democracia del Congreso de la República, el Escudo de Oro de Antioquia, la Medalla Alcaldía de Medellín, el homenaje en vida del Festival Mono Núñez en 2023 y su ingreso al Salón de la Fama de Compositores Latinoamericanos, en Miami, en 2015.

Como anécdota curiosa una vez fue entrevistado por el investigador Heriberto Zapata Cuéncar (Copacabana, Antioquia, 1908 – 1982), quien preparaba su libro Los Compositores Antioqueños. El maestro Ochoa había compuesto, hasta ese momento, solo dos canciones y se inventó ocho títulos más para justificar su inclusión en el libro. Le tocó, entonces, componer dichas canciones de prisa para no quedar mal con el investigador y con los lectores.

Recibió el reconocimiento de varias municipalidades y entidades como premio por su fecunda obra musical: el Escudo de Oro de Antioquia, la Medalla Alcaldía de Medellín, la Orden de la Democracia, otorgada por el Congreso de la República; el Tiple de Oro, por la Fundación Garzón y Collazos; la Lira de Oro y la Medalla Santa Cecilia, de Sayco.

Hoy las cuerdas de su guitarra guardan silencio, pero sus canciones seguirán sonando en cada hogar colombiano. Allí donde una familia se reúna, donde un hijo abrace a sus padres o donde alguien recuerde con nostalgia el paso de los años, estará presente la voz inmortal de Héctor Ochoa Cárdenas.

Porque los grandes artistas nunca se marchan del todo. Permanecen vivos en las emociones que sembraron con su obra.

Y mientras exista un colombiano que cante "El camino de la vida", el maestro Héctor Ochoa seguirá caminando junto a nosotros.

(Algunos escritos de este artículo fueron apoyados por internet y recortes de prensa)

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