Nacional. Hora de vender.
Señores OAL: Gracias por los títulos recibidos, y adiosito que nos veremos después.
La ley del mercado le está hablando fuerte y claro a la dirigencia de la Organización Ardila Lülle: en beneficio de su multimillonario patrimonio, ha llegado la hora de desprenderse de la que no es ni mucho menos la joya de su corona, el club de fútbol Atlético Nacional.
Es cuestión de oportunidad, de conjunción de circunstancias, de timing. Los astros (incluso los balompédicos, pero sobre todo los financieros) se alinean a favor de un cambio de manos propietarias del Rey de Copas.
Por un lado está el factor ancestral. La estadística ilustra que la tercera generación de los conglomerados familiares no tiene ni de lejos los intereses emprendedores del patriarca fundador. Son nietos que nacen en cunas muy diferentes a las de sus abuelos, tienen el futuro asegurado desde antes de su nacimiento, y en esa comodidad crecen y viven. Por eso, a esa altura la empresa es más aspecto de capital (dividido por el número plural de descendientes) que de ilusión o proyecto vital. Si les resulta más rentable convertirla en otra cosa o venderla, así será.
Aquí entra en juego la figura de Carolina Ardila, quien ha recibido como juguete personal un Nacional cuya brújula extravió su papi Antonio José. Los intereses deportivos y económicos que dieron pie a que el fundador de la estirpe OAL adquiriera el equipo verde de Antioquia en 1996, ya a los 28 años se han diluido en un mar en el que se mezclan el flujo de caja del emporio con el desconocimiento del negocio específico y la consecuente incapacidad o, mejor, ineptitud.
¿O será simplemente desinterés, desgano, desidia o soberbia? En fin, el resultado es el mismo: erráticos cambios de rumbo, pulsos innecesarios con Raimundo y todo el mundo, rabietas pueriles, arriesgadas piruetas con entrenadores, jugadores e hinchas… La mejor receta para el declive en la flecha de los indicadores económicos, que en las oficinas es lo que cuenta. Entiéndase esto como pérdida de valor.
Increíble, después del pico al alza marcado en 2016 como renta del cúmulo de títulos obtenidos, fruto combinado de cuidadosa inversión y acertada gestión. Pero sí, en franco descenso tras el extravío del proyecto. Por eso a esta altura la caída en el valor se va convirtiendo en barrena. Mucha de la riqueza en buena lid adquirida, vaciada por el amplio sifón de las vanidades.
Muy de la mano va el aspecto competitivo. Lo de mayor número de títulos en el fútbol colombiano, más las dos copas Libertadores y otra cantidad de campeonatos internacionales, se convierte tan fácil en pasado lejano como hoy lo es en Argentina para Estudiantes de la Plata, tras la gloria alcanzada de la mano de Oswaldo Juan Zubeldía (¡oh, nuestro Zubeldía!) entre 1968 y 1970, tres Libertadores y un Mundial de Clubes incluidos.
¿Qué cifras ha marcado después el club Pincharrata que les den vigencia y lustre a esos laureles? Una pregunta retórica para marcar una diferencia: manteniendo las lógicas distancias, Atlético Nacional ha estado en condiciones para estar a la altura sudamericana de River, Boca o Fluminense. Pero parece haberse contentado con su cuarto de hora, que va dejando hojas atrás en los calendarios. Con los vientos a favor, ha faltado carácter, carisma y ambición, que no es lo mismo que codicia.
En esas anda ese patrimonio deportivo de Antioquia y Colombia llamado Atlético Nacional. El tránsito de grande a chico, inverso al camino recorrido desde 1970, va a mil. Para los Ardila aún es tiempo de rescatar alguna cantidad de millones de dólares, si acuden, pero ya, a una buena banca de inversión. Y para el equipo, de volver a poner la vara en alto para sumar estrellas en su hoy oscuro firmamento.
Así que señores OAL: por favor, no sigan generando pérdidas. Gracias mil por todos los títulos recibidos, perdonen lo malo, y adiosito que nos veremos después. Mi despedida se adelanta, en compañía del médico Luis Felipe Gómez y de los que se quieran unir. ¡Sígannos los buenos!
En un trabajo serio, disciplinado y constante, hemos logrado sumar este importante número de logros.
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